domingo, 14 de diciembre de 2008

.: Treinta y nueve grados :.

'¿Para qué quiero la vida
si no es para regalarla?'
Eugenio de Nora


Desde la fiebre de la tarde
se escapa la vida
y se hace nieve,

treinta y nueve grados en mi carne
y cero en tu verbo,

escarcha en mi pelo
ibuprofeno en la sangre,

........y dolor de corazón
que late en tu silencio...

esta tarde
regalo mi vida
y la desenvuelvo para ti,

........como un disparo de nieve
que se deshace
-a treinta y nueve grados-
con tu recuerdo.

3 comentarios:

  1. Puede que ni me recuerdes. hace dos años que no nos leemos. me alegra reencontrarte. y mas en blog. un saludo, te agrego a mis blogs de interes

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  2. te cuento que, como siempre me ha encantado esta forma tuya de metaforizar la realidad. Posiblemente ahorres lirismo pero tiene fuerza. Un abrazote amigo. Tino

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  3. Anónimo21:37

    Leyendo esta poesía con la calma que se merece, he encontrado un montón de matices, ¡caramba cómo te la curraste! A partir de los versos de Eugenio de Nora has hilado una historia redonda, con su exposición, nudo y desenlace, como en las buenas obras de teatro.
    La he dividido en apartados, aunque no los considero una separación fija, porque las etapas se van dando paso unas a otras gradualmente, con naturalidad.
    Línea a línea, yo he visto así tu poema, a ver qué te parece.

    “Desde la fiebre de la tarde
    se escapa la vida
    y se hace nieve”
    Para empezar, en la primera estrofa se define el punto de partida de la historia y, a la vez, resumes muy bien el contenido de lo que vas a desarrollar a continuación, es la exposición de la trama. Está genial cómo se refuerzan mutuamente fondo y forma: expresas el torrente de calor que desemboca en nieve con el soporte de los tres versos que, en paralelo, van de más a menos: la pasión inicial se encoge de frío y se va apagando, reflejada cada vez en menos palabras. Pasamos de 39º en el primer renglón a la “pérdida de altitud” en el segundo, para acabar bajo cero en el último. Es el “intro”, un drama bien planteado.

    “Treinta y nueve grados en mi carne
    y cero en tu verbo”
    Comienza la segunda parte, tras la exposición anterior llega el nudo, describiendo con más detalle la situación avanzada previamente. Son dos versos que reflejan el choque frontal entre lo que sienten o expresan dos seres: en el primero la energía interior sube, y en el segundo su expresión exterior se hunde.

    “Escarcha en mi pelo
    ibuprofeno en la sangre”
    Abunda en el contraste, en la tensión existente entre los dos protagonistas pero, en este caso cambia el orden: en el primer verso el autor sufre las consecuencias de no ser correspondido, acusa el efecto de la frase que le precede (“cero en tu verbo”). En su mismo yo acaba conjugando la indiferencia de la persona amada, que le lleva a sentirse cubierto por escarcha, a la vez que trata de mitigar con otra droga el calor que siente por ella. Intentando curarse de esa pasión que no es recíproca, su pensamiento sucumbe y se hiela, pero la sangre sigue corriendo, ajena a esa voluntad de frenarla con algún tratamiento.

    “...Y dolor de corazón
    que late en tu silencio”
    Culmina el desarrollo de la trama, los efectos de la contrariedad que hemos estado viendo se agudizan, llegan a lo más hondo: el dolor de corazón, que se debate ante el abismo de un silencio que no le deja latir ni ser alguien en la vida de la persona amada. Una grieta lo quiebra de lado a lado.

    “Esta tarde
    regalo mi vida
    y la desenvuelvo para ti”
    Aquí puede entenderse que empieza el desenlace y, a su vez es el clímax de las fases anteriores. A pesar del rechazo, de no sentirse correspondido, es tal la generosidad de quien desea compartir su amor con otra persona, que se lo ofrece: desenvuelve el regalo. Estas dos palabras dibujan en una imagen plástica delicada, precisa y preciosa lo que es la entrega en el amor físico, aplicable por igual a un regalo material externo.

    “…Como un disparo de nieve
    que se deshace,
    con tu recuerdo,
    a mis treinta y nueve grados…”
    Es la descripción del regalo, la culminación de tanta energía atesorada que se lanza a la conquista del ser anhelado, fuegos artificiales por esa persona cuya estela arde en la memoria. A pesar de las contrariedades, la pasión resiste, no renuncia a sus 39 grados, son su vida. Los sentimientos siguen intactos, como al principio del poema, el argumento de lo relatado se cierra formando un círculo. La conclusión, por lo tanto, es optimista al igual que los versos de Eugenio de Nora.

    Y no hay que olvidar la parte formal del texto: la sonoridad de la “e”, la “r”, la “i”, la rima asonante en algunos finales. La capacidad para decir lo máximo con el menor número de palabras. Esa fuerza expresiva de vocablos cargados de significado como: carne, sangre, vida, disparo, recuerdo. Frente a las que definen a la persona ausente, inspiradora del poema: nieve, cero, silencio; en ese contexto la “o” se hace doblemente fría y oscura, heladora.
    En otro nivel colocaría la “tarde”, por los matices que sugiere: se hace cada vez más tarde, no puedo seguir esperando, el tiempo pasa, y la vida es para regalarla a sorbitos.
    Todo ese vocabulario profundo nos trae reminiscencias de otros grandes poetas: la escarcha, Miguel Hernández; la sangre, Lorca; o los disparos apasionados, Luis Cernuda.

    ¡Hay que ver cuánto arte tienes! Te felicito.

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