miércoles, 22 de abril de 2009

.: El colegio :.

Cada tarde espera a los niños
bajo su abrigo de paño marrón,
incluso hoy, bajo este sol, parece abrigarse
del frío de la vida.


No da pistas, nunca conversa,
a veces traga bostezos, tal vez algún beso sin dar,
quizá mastica alguna decepción

o deshoja al azar alguna flor.

Mientras espera, su mirada viaja
hasta un infinito tan cercano
que la siento alojada en mi hombro
para sacudirse el sueño.

Hoy he oído lo que piensa
y coincido en su pensamiento:

siempre hace frío antes de que salgan los niños.

Mañana también.

2 comentarios:

  1. Carole King18:50

    Decía Maupassant que las palabras tienen alma, y tú has puesto aquí todo el alma en cada una de ellas. Perspicaz y certero al máximo, condensas magistralmente una vida, en la mejor tradición del retrato psicológico de nuestra literatura.
    Balzac habría necesitado varias páginas para decirnos lo que tú transmites en sólo unas pinceladas.
    ¡Y qué decir de Proust!
    Me has traído a la mente a la Eugénie Grandet de Balzac: una vida anodina, constreñida entre la avaricia de su familia, la soledad acompañada, en una sociedad castrante, donde esa flor apenas llega a florecer y ya se convierte en un espejismo. Su inocencia se deshacía bajo un cielo plomizo, de luz mortecina, en días sin horizonte.
    A las pocas semanas de acabar la novela, pasé cerca de Samur –donde se ambienta la novela.
    Ver inesperadamente en la carretera el cartel indicador me llegó como un disparo de desazón.
    Nadie estamos libres de pasajes grises a lo largo de nuestra vida, pero mejor que sean sólo esporádicos.
    ¡Gracias por la POESÍA!

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  2. Desconcierto17:41

    Carole, me sorprendes. Muchas gracias a ti, Carole, muchas gracias, de verdad...


    Son esporádicos los pasajes grises...hay más azul, verde, rojo que gris en la vida...

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