
y en cada casa un naufragio
de mesas y sillas,
de camas.
Siempre presagio
que mi vela
la doblega el viento,
que vence, siempre, el hastío
buscando la libertad de la ciudad con mar,
queda varada de tanto esperar...



Naturalmente, así fue cómo llegaste
como la carta certificada al buzón
como el sol que entra al subir la persiana
o las nubes que cubren la tarde, naturalmente.


No me esperes
en ese cruce de caminos,
que sea el destino quien decida,
y que la suerte dibuje mi nombre
en las curvas de tu vida…


Como quien escapaba
en el primer tranvía del alba,
como quien habla del tiempo
cuando no hay nada en común,
así es como yo te veo,
desde este rincón sin luz.
Como un viejo a paso lento
y su olvido como compañera,
como los besos al viento,
como el soplo de la desgana,
así es como yo te siento
en esta noche sin alma.
Y sobrevivo en sus calles
besando al deseo y pecado,
mordiendo de toda manzana,
disparo a presente y pasado,
y como nunca aprendo,
en las ausencias pienso
que sólo soy un suicida,
un suicida
de tus besos.
dedicado a Jesús y Javi, compañía de esa Noche, gracias
La caída de la tarde
enmudece el silencio
roto por el deslizar
de lluvia por el cristal.
Oscurece.
Y yo,
por dentro,
me contagio
y me mimetizo
desde los marrones
hasta los negros.
Soy lo que veo,
desde esta ventana.
Oscurece ahí afuera.
Lento.
Y yo por dentro.
Camaleón de tardes
de invierno,
que estrena soledades,
que se tapa sin mantas
y destapa verdades.
Oscurece,
la tarde se deshilvana,
se desgrana en desganas,
y sin embargo,
hoy merece la pena
pensar en mañana.